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El lado oscuro de Hipócrates

Fecha de Publicación: 7/1/2000
Este artículo está clasificado en la categoría Del Pasado
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    Hipócrates es el "Padre de la Medicina", al menos para los que pertenecemos a la tradición occidental. El título se lo ganó porque observó por primera vez en la historia los fenómenos de la salud y la enfermedad con ojos científicos. Esto es muy cierto, pero parece existir entre los historiadores de la medicina una cierta tendencia a hablar únicamente de sus aciertos. Las "metidas de pata" del padre de todos los médicos no llegan a justificarse únicamente por la falta de conocimientos de la época, y algunas son verdaderamente espectaculares.
 

Nadie pretende restarle mérito a Hipócrates, y en realidad la lectura de sus Aforismos revela que era un hombre sumamente observador, muchas de cuyas sentencias aún mantienen plena actualidad. Por ejemplo, Hipócrates ya nos decía que "Si la inapetencia, el hambre, o cualquier otra cosa exceden los límites de la naturaleza, son nocivas". Ahora parece de sentido común, pero no deja de tener valor si consideramos que Hipócrates vivó unos cuatro siglos antes de Cristo.

Una observación vinculada a la necesaria humildad del médico es "Los pronósticos de muerte o de recuperación en las enfermedades agudas no siempre son confiables", aunque olvida decir que la misma cabe para las enfermedades crónicas. Existen aforismos que son llamativamente acertados y revelan agudeza en la observación clínica: "Si los pechos de la embarazada disminuyen súbitamente es señal de aborto", afirma, y más adelante agrega que los eunucos no sufren calvicie. También es destacable su observación de la proteinuria: "Si en la orina sobrenadan burbujas, habrá una enfermedad renal prolongada".

Pero parece existir entre los historiadores de la medicina una cierta tendencia a hablar únicamente de sus aciertos. Los errores del Padre de la Medicina no llegan a justificarse únicamente por la falta de conocimientos de la época, y algunos son francamente llamativos o graciosos.

Una de las obsesiones de Hipócrates parece ser lo que hoy llamaríamos "cronopatología", es decir, la observación de la evolución de las enfermedades a través del tiempo. Así, Hipócrates decía que "El sudor es beneficioso para los que padecen fiebre cuando se presenta el tercer, quinto, séptimo, noveno, undécimo, décimocuarto, decimoséptimo, vigésimo y trigésimocuarto día, porque este tipo de sudoración termina la enfermedad. Pero si acontece en los días restantes el sudor indica que la enfermedad es larga, penosa y tendiente a las recaídas".

La estacionalidad también era una de las ideas fijas del padre de la medicina: "Los hombres delgados y con tendencia al vómito deben purgarse por arriba, pero nunca en invierno", en tanto que "Los más robustos y con dificultades para vomitar deben purgarse por abajo, pero nunca en verano". Inmediatamente después agrega que "Los melancólicos deben purgarse en abundancia por abajo. Es errado utilizar el método opuesto". Hipócrates no dice nada sobre qué hacer con un melancólico robusto en invierno.

Hay más ejemplos de su obsesión por los días de evolución de la enfermedad: "Las enfermedades agudas hacen crisis a los 14 días", afirma, e inmediatamente después completa la idea: "El cuarto día es el que indica el séptimo, el octavo es el primero de la semana siguiente; es menester observar el undécimo, que es el cuarto de la segunda semana; también hay que observar el decimoséptimo, que es el cuarto después del decimotercero, y el séptimo después del undécimo".

Hay en las observaciones de Hipócrates algunas ideas que hoy serían interpretadas como típicamente machistas: "Si a una futura madre de mellizos le disminuye un pecho, abortará uno de los dos. Si se trata del pecho derecho, abortará el varón; si del pecho izquierdo, la mujer". El lado hábil reservado al varón se repite algo más adelante: "El feto masculino suele ocupar el lado derecho y el femenino el izquierdo". Por si quedan dudas, léase este: "Si la mujer ha concebido un varón tiene buen color en el semblante. Si ha concebido una mujer, tiene mal color".

No faltan en los aforismos hipocráticos algunas mezclas de síntomas e interpretaciones patológicas que revelan una frondosa imaginación: "Los que corren el riesgo de sufrir tumores en las articulaciones se verán libres de la enfermedad si orinan copiosamente una orina blanca y grasa, como la que se suele ver al cuarto día en las fiebres acompañadas de fatiga. Si también padecen de hemorragias nasales sanarán con mayor rapidez".

Pero quizás donde Hipócrates llega a las mayores alturas de su delirio es una serie de sentencias breves, concisas, lapidarias, de las que seleccionamos una muestra para regocijo de nuestros amables lectores:
       "Los calvos no padecen várices importantes y, si las padecen, les vuelve a crecer el pelo"
       "La diarrea es útil para los oftálmicos"
       "Los que tienen eructos ácidos jamás enferman de pleuresía"
       "Las mujeres nunca son ambidextras"
       "Los tartamudos padecen diarreas prolongadas"
       "Los ictéricos jamás son flatulentos"

Biblio:
       Basado en la edición de Aforismos de Hipócrates de Editorial Andrómeda, Buenos Aires 1993, con selección y traducción de Dolores Marín

Para comentarios, opiniones, elogios o críticas mailto:delgaleno@gmail.com

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