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Años atrás todo era más fácil. Existían dos bandos claramente diferenciados: de un lado, la medicina académica, científica, tradicional, representaba lo correcto y bueno; del otro, las medicinas esotéricas, anticientíficas, que formaban parte del engaño, la mentira, lo incorrecto y malo. La lucha era frontal y el objetivo de la medicina científica, sin lugar a dudas, era la destrucción de su oponente. Muchos optimistas seguramente pensaron que con el avance de la ciencia, con los progresivos éxitos en la comprensión de los procesos fisiopatológicos, los medios de diagnóstico y el tratamiento, las medicinas alternativas iban a batirse en retirada. La medicina tradicional, en efecto, ha logrado avances sorprendentes, algunos de ellos inimaginables hasta hace pocos años. Gracias a su acción, la expectativa de vida ha crecido a tal punto que el aumento de la población anciana es uno de los nuevos y grandes problemas de las sociedades industrializadas. Podría decirse que su victoria es completa, pero justamente en este marco, en el mundo occidental, las medicinas alternativas tienen hoy un llamativo auge y gozan de creciente aceptación. Este nueva actitud alcanza algunos ámbitos académicos, en los que se ha empezado a incluir visiones no tradicionales de la medicina en las curricula universitarias. En la actualidad se habla de las medicinas alternativas con creciente respeto, y en muchos casos se aceptan y promueven algunos aspectos de estas escuelas como complemento de la terapéutica tradicional. El tema, en el que además de lo estrictamente médico se mezclan aspectos filosóficos, antropológicos y éticos, moviliza la opinión de muchos especialistas. En el Annals of Internal Medicine fue publicada la posición de dos médicos del Centro de Investigación de la Medicina Alternativa, de la Escuela Médica de Harvard, quienes describen cuáles son, en su opinión, los cuatro pilares en los que se asientan todas estas escuelas. Un editorialista de la misma publicación también manifiesta su visión del problema, y para no ser menos describe las que denomina "cuatro paradojas" de la medicina alternativa. Los ensayos no están enfrentados, pero representan dos enfoques levemente distintos; el primero más centrado en el análisis del porqué, el segundo orientado a destacar las falencias o vicios ocultos de las medicinas alternativas. Según los autores citados en primer lugar, todas las formas de medicina alternativa, aun cuando aparezcan diferentes entre sí, comparten una serie de elementos comunes, que pueden resumirse en cuatro puntos: lo natural, el vitalismo, lo científico y la espiritualidad. Lo "natural" se interpreta como algo puro y totalizador, y esta creencia incluye un conjunto de polaridades, entre cuyos ejemplos se encuentra natural Vs. artificial, orgánico Vs. sintético, sin procesar Vs. industrializado y de baja tecnología Vs. de alta tecnología. Es evidente que la medicina occidental se incluye en los segundos aspectos, considerados negativos, de estas dicotomías. Lo natural implica una visión optimista y esperanzada, en la cual suelen obviarse los aspectos dañinos de la naturaleza (como el bacilo del ántrax o las mordeduras de serpiente). El carácter de "natural" se asigna a veces forzadamente, como sucede cuando se incluyen en esta categoría las megadosis de vitaminas o la acupuntura, que evidentemente no lo son. Por medio del uso de tratamientos o la adopción de hábitos "naturales", el paciente se conecta con lo que se percibe como una visión menos artificial de la persona. Además, la curación natural implica (a veces no concientemente) la participación en un movimiento de reforma para la regeneración de la sociedad, a la que se considera como exageradamente tecnológica. El esfuerzo para curarse o mantenerse sano brindan la oportunidad de salvarse a uno mismo y colaborar con la salvación de la sociedad. El vitalismo también es común a la mayoría de estas disciplinas. Consiste en una conexión con poderes benignos, coherentes, correctos y llenos de sentido. La enfermedad puede interpertarse como un aislamiento, y las medicinas alternativas ofrecen el rescate a través de la conexión con fuerzas cósmicas que sostienen la vida. Estas fuerzas adoptan formas diferentes: la homeopatía habla de la "esencia vital", la quiropraxia se refiere a "lo innato", la medicina ayurvédica señala "el prana", las prácticas de la medicina new age hablan de energías "astrales" o "psíquicas". Todas sostienen que sus métodos consisten en activar las "fuerzas vitales", método que se opone a los sistemas "destructivos" que usaría la medicina tradicional, por medio de drogas artificiales o cirugía. Existe también una forma mental de vitalismo, en la cual la fuerza proviene de la mente o de las emociones profundas. En este sistema de creencias, los estados afectivos o de conciencia son los verdaderos árbitros de la salud. Lo "científico" es el tercer punto que comparten las medicinas alternativas. El rótulo de "ciencia" en estas medicinas es una importante fuente de poder legitimador, autoridad moral y autodefinición. Así se habla de la ciencia homeopática, la ciencia quiropráctica, la ciencia psíquica y hasta la ciencia oculta. Tienen apariencia genuina, y en muchos casos insumen años de estudios de complejos sistemas de datos y relaciones, intrincadas determinaciones de causalidad y pruebas empíricas. La ciencia académica considera a estos enfoques como "cientificistas" o pseudocientíficos, pero para los practicantes y sus pacientes son absolutamente creíbles (cuando los científicos académicos señalan la condición de no científicos de estos enfoques, sus cultores se sienten ofendidos o perplejos ante la acusación). Una de las características de estas ciencias es que son "amigables" con la gente; su lenguaje es de solidaridad y unidad, lo que marca la diferencia con el discurso estadístico, frío y neutral de la ciencia académica. En la medicina alternativa la última verificación es la experiencia centrada en la persona. No se hace una diferencia entre los fenómenos objetivos y la experiencia subjetiva. Ningún efecto placebo puede poner en duda los buenos resultados de una terapéutica. El cuarto elemento que comparten las medicinas alternativas es la "espiritualidad". La medicina convencional sostiene en mayor o menor grado una demarcación kantiana entre la ciencia y la religión: la ciencia tiene su competencia en el reino de la causalidad en el tiempo y el espacio, mientras que la religión actúa en el ámbito de la libertad moral y los valores. Pero para mucha gente esta dicotomía es confusa y estéril. En las medicinas alternativas, los dominios espiritual y físico son dos voces diferentes del mismo himno cósmico. En su búsqueda de la salud, los creyentes generan una forma de religiosidad, en la cual los regímenes alimentarios (arroz integral, jugos de frutas, etc.) y otras conductas y tratamientos se convierten en verdaderos actos litúrgicos. Este trabajo de Ted J. Kaptchuk y David M. Eisenberg describe a las medicinas alternativas desde un enfoque descriptivo, sin juicios ni apasionamientos. En tanto, el editorialista del Annals of Internal Medicine, Frank Davidoff, adopta una postura algo más comprometida. Al hablar de las "paradojas" de la medicina alternativa, aun manteniendo el discurso en un plano de respeto, deja traslucir una posición muy crítica, que adquiere más valor por fundamentarse en un análisis minucioso y mesurado. La primera paradoja, señala, es la de la responsabilidad. Mientras la medicina tradicional sostiene que la enfermedad es un hecho externo al enfermo, la mayoría de las medicinas alternativas se caracterizan por la intensa convicción de que la raíz del mal y por consiguiente su remedio, se encuentran en el mismo paciente, en su mente y en su espíritu. Por esta razón los cultores de las medicinas alternativas se describen a sí mismos como facilitadores de la autocuración del paciente. Cuando se asocia a buena evolución de la enfermedad, la transferencia de la responsabilidad del médico al paciente parece ser positiva y brinda al enfermo una agradable sensación de autocontrol. Pero el fracaso terapéutico se convierte en un problema, porque así como sucede con el éxito, también se adjudica primariamente al enfermo: no ha creído con suficiente intensidad o ha fracasado en eliminar los pensamientos negativos, y eso es lo que explica la ausencia de curación. Este es un aspecto de las medicinas alternativas que puede llegar a ser cruel, porque deja al enfermo con sentimiento de culpa, fracaso y abandono. Esta dinámica también puede explicar la curiosa falta de informes sobre toxicidad, errores o fracasos en las medicinas alternativas (no es el sistema el que falló, fue el paciente), así como la también notable ausencia de quejas de los pacientes que no han alcanzado la curación (yo fui el que fracasó, no el sistema). La segunda paradoja se relaciona con la necesidad ética de decir la verdad. La medicina científica ha abandonado lentamente la posición de ocultar información, particularmente las malas noticias, para el "beneficio" de los pacientes. Las medicinas alternativas insisten, en cambio, en adoptar las visiones más optimistas posibles de la realidad clínica, porque consideran que dar malas noticias tiene un enorme efecto negativo. Esta posición implica pensar que los esfuerzos de la medicina convencional por decir la verdad son destructores de la esperanza y negativos para el paciente. El autor señala que decir la verdad sobre una enfermedad seria es a la vez algo devastador y necesario. Deben tomarse ciertos recaudos, sin embargo; no es ético ni práctico dar cifras definitivas, porque todos los valores estadísticos son aproximados y el paciente tiene derecho también a conocer esas variaciones, ni es correcto, como se ve a veces, exagerar el mal pronóstico para quedar a cubierto de posibles malas evoluciones. Tampoco es admisible, como hacen las medicinas alternativas, limitarse en sus ejemplos al pequeño número de pacientes que supera el promedio esperado, como forma de apoyar una visión optimista que no se corresponde con la realidad. La medicina tradicional fundamentalmente es menos optimista y acepta con mayor realismo las limitaciones y la finitud de la condición humana. La tercera paradoja de las medicinas alternativas es la de la autocrítica. La medicina científica se estudia a sí misma, trata de establecer la evidencia de lo que hace y porqué. Si bien los métodos de autoevaluación son relativamente recientes (puede fijarse su comienzo con los estudios de Pierre Louis, hace 165 años), están aquí no sólo en los trabajos científicos sino en los sistemas de acreditación de licencias, control editorial por pares, auditorías, métodos de recertificación y similares. La medicina convencional, lamentablemente, se ha ido haciendo conocer más por sus ineficiencias y peligros que por sus beneficios, y esta reputación se ha desarrollado precisamente porque su autocrítica es tan intensa y de largo alcance. La medicina alternativa generalmente adopta la posición de que la eficacia de sus terapéuticas es no mensurable, porque la terapia para cada paciente es, por definición, única. Esto ha hecho muy dificultoso o imposible desarrollar estudios "de cohorte" que tengan sentido. La autocrítica en las medicinas alternativas consiste en la mayoría de los casos sólo en anécdotas y testimonios personales. En la medicina científica, en cambio, las técnicas de "análisis de intención de tratar", la toma en cuenta de los casos perdidos, la medición de toxicidades y riesgos y la documentación de los posibles desvíos estadísticos, son instrumentos vitales para la autocrítica, aunque resulten poco accesibles. La autocrítica, dice el editorialista, es una característica crucial de la medicina científica y algo que debe ser sostenido con todas nuestras fuerzas. Al cerrar su comentario el autor señala la paradoja comercial de las medicinas alternativas. Después de pagar por la medicina convencional, muchos pacientes aún tienen deseos de pagar voluntariamente y de su bolsillo por las medicinas alternativas. Si bien los gastos en esta área son apenas una fracción de los que se registran en medicina tradicional, sus valores absolutos son muy elevados, estimándose en 1993 para EE.UU. en 13.700 millones de dólares (sin incluir los gastos por terapias de hierbas, equipamientos médicos, aparatos, libros y otros materiales). ¿Por qué razón están dispuestos a pagar su dinero por estos tratamientos? Pueden ensayarse varias respuestas, entre las cuales mejor autopromoción por los medios de comunicación, mayor cantidad de tiempo invertido en cada paciente, o la idea de promoción de la salud -en lugar de tratamiento de la enfermedad-. La forma en que la medicina tradicional responda a estas y otras paradojas de las medicinas alternativas será una importante refexión para nuestra madurez profesional, afirma el autor. Deberíamos reconocer que el auge de estas disciplinas son el reflejo de importantes falencias, como no brindar a los pacientes el tiempo suficiente o la necesaria información, defectos que están incrustados en las formas de atención convencional. La verdadera cuestión es, citando a T.S. Eliot, cómo aprender de las prácticas alternativas, en un esfuerzo para recuperar en conocimiento lo que hemos perdido en información. Biblio: Kaptchuk TJ, Eisenberg DM The persuasive appeal of alternative medicine. Ann Intern Med. 1998 Dec 15;129(12):1061-5 [Medline] Davidoff F Weighing the alternatives: lessons from the paradoxes of alternative medicine. Ann. Intern. Med. 1998 Dec 15;129(12):1068-70 [Medline] Para comentarios, opiniones, elogios o críticas, mailto:delgaleno@gmail.com
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