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La indicación de no interrumpir el tratamiento antibiótico es uno de los dogmas más difundidos de la práctica médica. En muchos casos la advertencia, con letras mayúsculas, está insertada en los folletos incluidos en el envase de estos medicamentos. Según esta tradicional opinión, si no se completa adecuadamente el tiempo de tratamiento existe la posibilidad de curación incompleta, recaídas o aparición de resistencia a los antibióticos por parte del organismo causal. H. Lambert, Profesor Emérito de la Escuela de Medicina del Hospital St. George y de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, revisó la bibliografía y halló que en la mayoría de los casos las evidencias que apoyan estas afirmaciones son muy escasas, débiles o simplemente no existen. En primer lugar, dice, para muy pocas infecciones existen ensayos que brinden información científicamente confiable acerca del tiempo óptimo de tratamiento. Las mayores evidencias en este tema corresponden a la tuberculosis, la blenorragia y la endocarditis infecciosa, pero para muchas otras infecciones la duración óptima del tratamiento es desconocida. En particular, existe gran incertidumbre sobre la duración óptima en el tratamiento antibiótico más usado en la comunidad -para infecciones del tracto respiratorio superior e inferior-. Más aún, se ha puesto seriamente en duda que los antibióticos en estos casos sirvan para algo. Para las otitis media de los niños, los médicos ingleses y los norteamericanos acostumbran indicar antibióticos, en tanto que los médicos de Islandia y los Países Bajos no lo hacen; aparentemente la administración de estos fármacos no produciría un beneficio apreciable. Se han ensayado tratamientos de 2, 3, 5 y 10 días de duración, observándose que son igualmente eficaces o, como puede presumirse, igualmente ineficaces. En la sinusitis aguda se han comparado tratamientos de 3 o 10 días con la asociación trimetoprima-sulfametoxazol, y tampoco se han observado diferencias en los resultados. En el dolor de garganta se ha probado no administrar antibióticos, iniciar el tratamiento sólo si el dolor no cede en el término de 3 días, dar en forma sistemática antibióticos durante 10 días. Una vez más, la comparación no arrojó diferencias. En este caso particular el autor advierte que la administración de antibióticos produce un beneficio comprobado en las infecciones estreptocóccicas, de modo que queda el problema de cómo identificarlas adecuadamente. Existen indicaciones muy vagas y contradictorias para la duración del tratamiento antibiótico en las neumonías. Los textos clásicos indican usualmente 7 a 10 días. Décadas atrás varios investigadores llegaron a la conclusión de que su tratamiento con una dosis única de antibióticos, para evitar la internación y así disminuir los costos, tenía resultados perfectamente comparables a los de la terapéutica estándar. Actualmente la OMS está organizando estudios para comprobar la eficacia de estos tratamientos de dosis única en infecciones de vías respiratorias bajas y en meningitis. En países en desarrollo, en los que la escasez de recursos es un tema insoslayable, la determinación de la duración óptima del tratamiento sería de capital importancia. Otros ejemplos que aporta el autor de la revisión son las infecciones del tracto urinario, las infecciones intestinales y la meningitis bacteriana, en todas las cuales existen evidencias comprobadas de la eficacia de tratamientos breves o de dosis única. El argumento de la aparición de resistencia bacteriana, causada por el tratamiento antibiótico breve o incompleto, tampoco parece tener mayor fundamento. Contrariamente a la creencia popular, señala el Profesor Lambert, la aparición de resistencia en el patógeno bajo tratamiento es poco común; puede verse en infeciones graves y crónicas, y con particulares agrupamientos de antibióticos y gérmenes (quinolonas y ácido fusídico en estafilococcias, cefalosporinas frente a algunas bacterias Gram negativas y rifampicina en varios tipos de infecciones). De mucha más importancia parece ser la transferencia horizontal de resistencia genética, por diversos mecanismos. Estos procesos suelen verse en los ecosistemas del intestino, la piel y el tracto respiratorio superior. Exponer a estos ecosistemas a los antibióticos significa ejercer una presión selectiva que favorece la dominancia de los organismos resistentes, y los tratamientos repetidos o prolongados serían los principales causantes de esta presión selectiva. El concepto de completar el tratamiento para erradicar el patógeno antes de que aparezca resistencia no es válido, porque la resistencia aparece justamente cuando la eliminación bacteriana es dificultosa. Es una paradoja que a pesar de las políticas actuales de restricción de los antibióticos, se siga insistiendo en la idea de "completar el tratamiento" El Profesor Lambert señala, como conclusión, que las terapéuticas antibióticas innecesariamente largas aumentan el riesgo de efectos adversos y contribuyen al problema de la resistencia bacteriana. Biblio: Lambert HP Don't keep taking the tablets? Lancet. 1999 Sep 11;354(9182):943-5. [Abstract] Para comentarios, opiniones, elogios o críticas mailto:delgaleno@gmail.com
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