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La administración de hormona de crecimiento recombinante no debe indicarse en niños normales de corta estatura, sino únicamente en aquellos que tienen una deficiencia comprobada de esta hormona. Lamentablemente, muchos padres presionan a sus médicos pediatras para que apliquen este tratamiento y -más lamentablemente aún- muchas veces los profesionales se dejan llevar por los deseos paternos. La historia, según T T Samaras y colaboradores de la Universidad de California, proviene de la creencia popular de que "más alto es mejor". En el pasado, mayor tamaño y fuerza eran características útiles para intimidar a los enemigos o enfrentarse a animales hostiles. Aparentemente, esta idea de la superioridad de los más altos ha quedado arraigada en la psiquis colectiva. Pero sucede que es equivocada. Los autores de este trabajo (que en ningún momento confiesan su propia estatura) realizaron una búsqueda de información sobre el tema en la bibliografía médica y reunieron una gran cantidad de opiniones coincidentes. En primer lugar, múltiples trabajos estadísticos parecen demostrar que las personas de menor estatura viven más, a tal punto que la mayor expectativa de vida de las mujeres sobre los hombres (entre 7 y 8 años) podría explicarse por su menor estatura promedio (unos 13 cm). El riesgo de cáncer parece ser mayor en las personas altas, encontrándose esta relación para todos los tipos de cáncer y específicamente para los de próstata, mama y colon. Los estudios demográficos también indican que los países con habitantes de menor estatura, como los del sur de Europa, China y Japón, tienen menos cáncer que los del norte de Europa y EE.UU. Puede desestimarse la posibilidad de determinismo geográfico por la comprobación de que los habitantes de EE.UU. blancos y negros tienen mayor mortalidad por esta enfermedad que los hispanos y asiáticos, varios centímetros más bajos, que viven en el mismo territorio. Existen algunas razones teóricas que justificarían esta diferencia. Un hombre de 183 cm y 86 kg de peso tiene unos 100 billones de células, comparado con los 60 billones de alguien con 152 cm de altura y 50 kg de peso. Esto significa que el alto tiene 40 billones de sitios adicionales donde se puede iniciar el cáncer, por los radicales libres, los rayos cósmicos u otros mutágenos ambientales. Se podría interpretar que cada célula es, a largo plazo, una apuesta al cáncer; cuantas más células tenemos, mayores serán las posibilidades de obtener el "premio". Pero los inconvenientes para los altos no terminan aquí. Si bien el corazón de un individuo de 183 cm es proporcional a su peso, requiere de una cantidad de energía desproporcionadamente mayor para mantener la circulación en todo el cuerpo. Relacionados con esta observación se encuentran datos estadísticos que vinculan la mayor estatura con más incidencia de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. En cuanto a la capacidad física, si bien es cierto que las personas altas tienen más fuerza -en valores absolutos-, con la menor estatura se incrementa la fuerza relativa, lo que permite mayor facilidad para escalar, elevar el propio peso y movilizar el cuerpo. Comparados con altos de similares proporciones corporales, los bajos tienen mayor resistencia, tiempos de respuesta más rápidos y mayor agilidad; además, pueden desplegar más energía por kg de peso y unidad de tiempo. A todo esto puede agregarse la menor agresión a las articulaciones, huesos y tejido conectivo: cuando un individuo 20% más alto salta, al caer golpea el suelo con una energía cinética 210% mayor. Además, por un mecanismo físico fácil de comprender, tienen más dificultad para regular la temperatura corporal. Si a esta "altura" de la discusión alguien persiste en mantener su preferencia por la mayor estatura, pueden considerarse los argumentos ecológicos: los bajos requieren menos alimentos y agua, y son más eficientes para los trabajos livianos porque obtienen igual resultado con menor consumo de nutrientes. Se ha calculado que una población de EE.UU. 10% más alta y 33% más pesada requeriría un adicional anual de 270 millones de toneladas de recursos, y produciría un exceso de 36 millones de toneladas de basura. Todas estas razones y otras que no resumimos aquí, parecen derrumbarse ante la realidad de nuestra sociedad occidental, que valora la elevada estatura en términos económicos: en un mismo grupo de graduados universitarios es frecuente comprobar años después que los más altos tienen en promedio mayores ingresos, y cuando se presenta la alternativa de elegir entre una persona alta y otra baja (sea para cubrir un puesto laboral o para presidente de la república) los altos estadísticamente corren con ventaja. Es comprensible que en una sociedad en la que el éxito económico parece ser el principal o único valor, muchos padres vean con desesperación la corta estatura de sus hijos. Pero Samara y colaboradores señalan el peligro de perseverar en la tendencia de aumentar artificialmente la estatura de la población: cualquiera sea la altura promedio que se alcance, la mitad de la humanidad estará por debajo de la media, de forma que la carrera por mayores alturas podría continuar mientras existan tratamientos hormonales o genéticos. Esto es algo disparatado, tanto en términos biológicos como sociales. ¿Qué hacer? Los autores proponen que los pediatras, ante el planteo de los padres, dejen claro las posibles complicaciones e inconvenientes, entre los que no debe olvidarse la posibilidad relativamente frecuente de que el costoso tratamiento no dé resultado alguno. Es aconsejable que los orienten a buscar para su hijo asesoramiento psicológico, reforzar su autoestima y lograr identificación con modelos de baja estatura. Si ya se ha establecido un daño psicológico, es difícil que unos pocos centímetros adicionales puedan corregirlo. Si el niño está inclinado a los deportes es más útil orientarlo a aquellos en los que la baja altura no es un impedimento, y hasta puede significar una ventaja. La lista es bastante larga, e incluye las carreras de larga distancia, fútbol, artes marciales, gimnasia, buceo, ski y levantamiento de pesas. Samara y sus colaboradores finalizan su reseña con un llamado a la comunidad científica y a los médicos, para que informen a sus pacientes, estudiantes y al público en general acerca de las ventajas de la corta estatura. Biblio: Samaras TT, Elrick H, Storms LH Height, health and growth hormone Acta Paediatr 1999 Jun 88:6 602-609 [Medline] Para comentarios, opiniones, elogios o críticas mailto:delgaleno@gmail.com
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