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A principios del siglo XX Marcel Proust escribió la novela “En busca del tiempo perdido”, en siete tomos, considerada una de las obras cumbres de la literatura mundial. A su maravillosa capacidad literaria se agregó que era asmático crónico e hijo de un acaudalado médico, de modo que supo captar ciertos aspectos de la práctica médica, que aparecen como pinceladas a lo largo de la monumental novela. El episodio de la muerte de la abuela del protagonista, por ejemplo, es digno de relectura. Sin embargo, aún más llamativo es un pequeño diálogo que mantiene el protagonista con un admirado novelista de la ficción, Bergotte, quien en conocimiento de su enfermedad crónica (la novela es en cierta medida autobiográfica) le pregunta quién es su médico. El protagonista le contesta que es el doctor Cottard. Aquí surge el comentario negativo de Bergotte sobre este médico, que junto con el posterior análisis del protagonista pueden tomarse como dos formas básicamente opuestas de ver la medicina y, en especial, la relación médico-paciente. -No lo conozco como médico. Pero lo he visto en casa de madame Swann. Es un imbécil. Pero suponiendo que eso no impida ser buen médico, cosa que me cuesta creer, impide ser un buen médico para los artistas, para la gente inteligente. La gente como usted tiene necesidad de médicos apropiados, casi diría de regímenes, de remedios especiales. Cottard va a aburrirlo y el aburrimiento bastará para que el tratamiento no sea eficaz. Además, el tratamiento no puede ser el mismo para usted que para cualquier individuo. Tres cuartos de los males de las personas inteligentes provienen de su inteligencia. Por lo menos les hace falta un médico que conozca ese mal. ¿Cómo quiere usted que Cottard pueda curarlo? Cottard puede prever dificultad para digerir las salsas, una molestia gástrica, pero no puede prever la lectura de Shakespeare... El autor de “En busca del tiempo perdido” pone en boca del protagonista la postura opuesta, reflejada en este análisis: A mí no me molestaba en lo más mínimo que mi médico fuera aburrido; yo esperaba de él que, gracias a un arte cuyas leyes se me escapaban, diera, respecto a mi salud, un oráculo indiscutible, consultando mis entrañas. Y no importaba que, con la ayuda de una inteligencia de la que yo hubiera podido pasarme, buscara comprender la mía, que sólo imaginaba como un medio, indiferente en sí, para procurar alcanzar las verdades externas. Dudaba mucho de que las personas inteligentes tuvieran necesidad de una higiene distinta de la de los imbéciles, y estaba dispuesto a someterme a la higiene de los imbéciles. Bergotte pone énfasis en la personalización de la medicina, en la adaptación de las terapéuticas a las características del paciente, y hace un esbozo muy preciso del fundamento de la medicina psicosomática; mientras tanto, el protagonista de la historia manifiesta con claridad la preferencia por una medicina despersonalizada, donde las características de cada enfermo y los aspectos intelectuales no tienen relevancia alguna, tan sólo los fríos resultados del análisis clínico. Es cierto que la medicina “tipo Cottard” es necesaria; necesitamos parámetros, definiciones de enfermedad y de curación, esquemas de estudio y tratamiento, para poder comparar resultados y aprender de los errores. Los estudios clínicos, con sus asignaciones aleatorias, sus pruebas en doble ciego, sus análisis estadísticos con diferencias significativas o no significativas, junto con las guías de tratamiento, los consensos de expertos y la “medicina basada en la evidencia”, son ejemplos de la medicina “Cottard”. También es cierto que al establecer la relación médico-paciente, todo ese marco de referencia se esfuma, y quedan dos personalidades enfrentadas. Muchas veces el éxito del tratamiento depende de la capacidad que tenga el médico de abandonar por un instante su formación “Cottard”, para dejarse llevar por la medicina a la manera de Bergotte. Biblio: En busca del tiempo perdido, tomo II (A la sombra de las muchachas en flor) Editorial Losada, Buenos Aires, 2002. Traducción de Estela Canto. Para comentarios, opiniones, elogios o críticas mailto:delgaleno@gmail.com
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