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¿Qué hay del "otro lado"?

Fecha de Publicación: 5/20/2002
Este artículo está clasificado en la categoría Controversias
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    Las experiencias que relatan algunos pacientes que han pasado por una situación de cercanía a la muerte han despertado enorme interés y han sido estudiadas con diferentes grados de escepticismo. Un grupo de investigadores de los Países Bajos realizó el primer estudio prospectivo sobre el tema, con seguimiento a varios años.
 

Con el advenimiento de las maniobras de reanimación cardiopulmonar, accesibles tanto para los médicos y enfermeros como para legos adecuadamente entrenados, cada vez más pacientes pudieron recuperarse de un paro cardíaco y volver para contarlo. Las personas que viven lo que se ha llamado “experiencias de cercanía a la muerte”, conocidas en inglés por la sigla NDE (near death experience), son más frecuentes de lo que se supone, y las historias que cuentan al regreso no se limitan, como popularmente suele afirmarse, a haber visto pasar toda su vida en un instante. Las experiencias incluyen visiones de luces blancas o de colores, sentimiento de bienestar, observación de un paisaje celestial, conciencia de la propia muerte, sensación de trasladarse a través de un túnel, visión de familiares fallecidos, el señalado racconto de la propia vida y otras experiencias similares, enmarcadas en una sensación de paz, ausencia de temor y plenitud.

Muchos autores se han dedicado a estudiar y a tratar de explicar estos fenómenos, y en algunos casos se ha usado este material para crear algún “best seller”. Los estudios científicos también se han ido abriendo paso, aunque con el principal defecto de que son retrospectivos, lo que abre interrogantes sobre la posibilidad de selección -voluntaria o involuntaria- de los casos más interesantes o atractivos. Pim van Lommel y colaboradores, de varios centros de los Países Bajos, decidieron hacer un estudio prospectivo, con seguimiento a largo plazo de los casos detectados y con un grupo de control, por lo que se trata del primer ensayo referido a este tema realizado con todas las reglas del arte de los trabajos científicos.

Todos los pacientes que pasaran por un estado de muerte clínica (período de inconciencia causado por insuficiente irrigación cerebral, por paro cardíaco, respiratorio o ambos) y recuperados por maniobras de reanimación, contestaron pocos días después un cuestionario estandarizado en el que se registró el tipo de recuerdo y se clasificó la intensidad de estas experiencias (superficiales, intensas y muy profundas). Se tomaron, además, todos los elementos que teóricamente pueden influir en este tipo de vivencias y en su posterior recuerdo: drogas empleadas, tiempo de paro circulatorio y de inconciencia, necesidad de intubación y de asistencia respiratoria, así como datos generales referidos a edad, sexo, religión y nivel educativo, entre otros. Un primer interrogatorio se llevó a cabo en los primeros días posteriores a la reanimación cardiopulmonar, y se repitió a los dos y ocho años, en los que se agregó un cuestionario referido a los cambios en la vida personal, creencias y actitudes frente a la vida.

Sobre 344 pacientes que tuvieron una o varias reanimaciones finalmente exitosas, 62 (18%) afirmaron haber vivido alguna forma de NDE. Las más señaladas fueron la conciencia de la propia muerte y las emociones positivas; luego siguieron el encuentro con personas fallecidas, la sensación de trasladarse a través de un túnel, la observación de paisajes celestiales, las experiencias extracorpóreas, la visión de luz blanca o de colores, el recuerdo de la propia vida y la visión de un límite o borde. El análisis de las otras variables demostró que no hay ningún factor demográfico, médico, psicológico o farmacológico que pueda explicar estas experiencias. Las únicas excepciones son una tendencia a mayor frecuencia de NDE en los jóvenes en relación a los más viejos, y más en las mujeres que en los hombres. El primer dato llamativo de este análisis es que los pacientes que pasaron por estas experiencias tuvieron más probabilidades de morir durante esa misma internación, o poco después, que aquellos sobrevivientes de paro cardíaco que no habían tenido una NDE.

Una primera aproximación escéptica a estos fenómenos parece relativamente fácil: basta con plantear la hipótesis de que el cerebro hipoxémico echa mano de sus propias fantasías alrededor de la muerte y elabora imágenes acordes, que desaparecen cuando se establece la muerte definitiva. En apoyo de esta hipótesis, varios estudios demuestran fenómenos similares en situaciones especiales, tales como en la hipoxia cerebral que se produce en los pilotos de aviones de guerra en las pruebas de aceleración rápida, en situaciones de aumento de los niveles de dióxido de carbono (hipercarbia), en algunos casos de hiperventilación seguida de maniobra de Valsalva o bajo el efecto de ciertos psicotrópicos, como LSD o mescalina. Pero la explicación de la hipoxia cerebral falla por el argumento inverso: todos los pacientes que han pasado por un paro cardíaco han sufrido hipoxia cerebral, y sólo unos pocos (menos del 20%) tiene una NDE. Existen, además, algunas diferencias muy claras entre ambos tipos de experiencias. Entre ellas, los fenómenos de recuerdos de la vida suelen ser fragmentados y azarosos, a diferencia de los recuerdos en las auténticas NDE, donde el repaso es ordenado y cronológico. Las consecuencias también son diferentes: en las verdaderas NDE los pacientes quedan profundamente marcados y suelen tener cambios importantes en su vida personal, así como en sus relaciones con sus semejantes y con el mundo.

Pero donde las NDE alcanzan mayor profundidad es en las experiencias extracorpóreas, que en este estudio fue vivida por 15 (24%) de los 62 pacientes. Existen relatos realmente inexplicables, uno de los cuales se reproduce en el artículo publicado en el Lancet, en los cuales los pacientes relatan hechos producidos durante su período de paro cardíaco mientras se encuentran en coma profundo: hechos, personajes y circunstancias del proceso de reanimación descriptos con precisión, por personas que en esos momentos se encontraban con electroencefalograma plano. Si estos relatos son ciertos, la hipoxia cerebral no alcanza como argumento explicativo.

A falta de otras teorías, especialmente frente a las experiencias extracorpóreas, se ha señalado la necesidad de replantear el concepto de que la conciencia y la memoria están ubicadas en el cerebro. Debe tenerse en cuenta que en el paro cardíaco, el electroencefalograma se hace plano usualmente en los primeros 10 segundos, a lo que se agregan los casos de descripciones verídicas de hechos sucedidos durante la reanimación relatados por pacientes ciegos. Se habla de que la conciencia cambiaría a un estado de trascendencia, en la cual la identidad, la cognición y la emoción funcionarían en forma independiente del cuerpo, pero manteniendo la posibilidad de percepción no sensorial.

Para evaluar los cambios de vida en estos pacientes, los autores pudieron establecer contacto y entrevistar a 37 de los 62 integrantes del grupo original a los dos años. Uno de los hallazgos de este estudio es que los pacientes con NDE podían recordar los detalles de su experiencia, después de dos años, con llamativa exactitud. En cuanto a los cambios en la filosofía de vida, los autores compararon los resultados del correspondiente cuestionario con los obtenidos en otras 37 personas de los 282 pacientes que habían superado un paro cardíaco pero no habían referido una NDE. Las diferencias entre ambos grupos son notorias: haber pasado por una experiencia de cercanía a la muerte produce mayor capacidad de comprensión del prójimo, reforzamiento de la vida familiar, sensación de mayor comprensión del sentido de la vida, conductas más amorosas y mayor interés en la espiritualidad, a lo que se agregan, obviamente, menor temor a la muerte y mayor convencimiento en la existencia de otra vida. Ocho años después pudieron contestar el cuestionario 23 enfermos del grupo original, quienes a pesar del tiempo transcurrido mantenían el recuerdo de su experiencia con exactitud. Los cambios positivos en estas personas eran más profundos que en el primer control a los dos años.

Los autores del trabajo recomiendan profundizar los estudios, especialmente orientados a analizar los fenómenos extracorpóreos. Cabría preguntarse si es necesario –o posible- continuar el análisis científico de estos temas. Perseguir una respuesta puede ser un buen ejercicio intelectual, pero no parece más que una quimera. Al fin de cuentas, si hay algo del “otro lado” todos lo sabremos, a su debido tiempo.

Sin embargo, las cambios de las personas que han pasado por estas particulares experiencias nos pueden dejar una enseñanza. La mayor comprensión y aceptación del otro, así como la revaloración de la familia y de los afectos, son valores que están al alcance de cualquiera de nosotros. Quizás el mensaje más importante que nos pueden dejar los protagonistas de estos hechos sea el de los cambios en su actitud frente a la vida, que podríamos intentar imitar todos los que –esperemos que por mucho tiempo- todavía estamos de “este lado”.

Van Lommel P y colaboradores.
       Near death experience in survivors of cardiac arrest: a prospective study in the Netherlands
       Lancet 2001; 358:2039-2045
       [Medline]

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