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Es sabido que no se puede ingresar al área del aparato de resonancia magnética nuclear con objetos metálicos. De existir dudas sobre la existencia oculta de metal en algún objeto, podría recurrirse al simple recurso de acercarlo al resonador, pero existe el riesgo de que efectivamente sea atraído por éste en forma brusca provocando daños al aparato o al personal. Por esa razón en estas áreas se usa un detector de metales manual, de adecuada sensibilidad. Un grupo de radiólogos de Glasgow relata el caso de una paciente que se dirigía en camilla a realizar un estudio de resonancia y que para su mayor comodidad llevaba su cabeza apoyada en tres almohadas. Al llegar a las proximidades del aparato una de las tres almohadas salió disparada como un misil, según relatan los testigos del hecho, oscilando hasta detenerse en el isocentro del aparato. Retirada del lugar se comprobó que tenía todas las características externas y el mismo peso de una almohada común, y llamativamente el examen del detector de mano resultó negativo. Para desentrañar el misterio los autores decidieron sacrificar la almohada (no se informa si obtuvieron la autorización de la dueña) y en la “autopsia” se descubrió un núcleo de 40 finísimos resortes metálicos, envueltos en un material acolchado de unos 10 cm de espesor. La delgadez de los resortes y el hecho de estar cubiertos por esta capa acolchada fue lo que impidió su hallazgo por el detector metálico. El artilugio tiene como marca comercial “Air Stream” y según la folletería de sus fabricantes el diseño sirve “...para que el aire fresco circule por la almohada, manteniéndola seca –lo que evita la proliferación de los ácaros hogareños– y a una temperatura constante.” Lo cierto es que si la paciente hubiera entrado al resonador con los pies hacia adelante –y no de cabeza, como afortunadamente ingresó– la almohada voladora hubiera provocado una brusca hiperflexión cervical. Los autores del relato hacen una serie de cálculos de aceleración, velocidad y resistencia a la flexión de la columna cervical para demostrar la peligrosidad de este aparentemente inocente apoyacabezas. La tecnología médica también puede causar problemas después de la muerte. Esto es lo que sucede cuando nadie advierte que un cadáver destinado a cremación es portador de un marcapaso, artefactos que pueden explotar con singular violencia al ser sometidos a altas temperaturas. Según una encuesta llevada a cabo sobre 188 crematorios del Reino Unido, en 71 se registraron una o más explosiones por año, produciéndose en muchos casos daños en las paredes o puertas del crematorio. Afortunadamente, es excepcional que se produzcan lesiones en el personal, salvo que se considere una lesión el estrés que genera el ruido de la explosión. Los marcapasos actuales son potencialmente más explosivos y más difíciles de detectar por su mayor carga de energía y menor tamaño. En su mayoría son de litio-iodo PVP, que al ser expuestos a temperaturas de 1300 °C durante 90 minutos generan un gas que se expande rápidamente y provoca la explosión. También puede existir una causa precoz de explosión a los 180,5 °C, porque el litio puede reaccionar con el gas ioduro y liberar en menos de un segundo la energía que está programada para varios años (aproximadamente 64 kcal/mol). Como es lógico, ya a partir del primer antecedente de una explosión de este tipo registrada en 1976, es obligatorio declarar en el certificado de defunción la existencia del marcapaso para que sea removido antes de la cremación; no obstante, en muchos casos se desconoce la presencia del aparato, las cicatrices ya no son visibles o se retira uno y se deja inadvertidamente un marcapaso más antiguo. Los hechos van más allá de la anécdota si tenemos en cuenta que en un país como Inglaterra el 70% de la población elige la cremación, y los marcapasos y dispositivos cardiodesfibriladores implantables son cada vez más frecuentes. Con el continuo avance de la tecnología médica se pueden esperar cada vez más complicaciones o inconvenientes inesperados; esperemos que todos sean tan benignos como –hasta ahora– las almohadas voladoras y los marcapasos explosivos. Biblio:
Christopher P Gale y Graham P Mulley Pacemaker explosion in crematoria: problems and possible solutions Journal of the Royal Society of Medicine J R Soc Med 2002;95:353-356 [Medline] B Condon, DM Hadley y R Hodgson The ferromagnetic pillow: a potential MR hazard not detectable by a hand-held magnet The British Journal of Radiology 74:847-851, 2001 [Medline]
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